17 mayo, 2021

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“Le tuve más miedo al COVID-19 que al cáncer”

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Sobrevivir de un cáncer de colon hace cinco años, y ahora ser atacado por el temible coronavirus, del que también logró salir airoso, ha sido el trance más duro que le ha tocado afrontar en sus 55 años de vida al empresario barranquillero Mauricio Pérez Herrera, residente en Canadá. Como si fuera poco semejante drama, también vivió la angustia de saber que igualmente resultaron contagiados con COVID-19 su esposa, Rosemary Epalza; la hija de ambos, Laura Alejandra; y Taylor Stroble-Davis, novia de su hijo Mauricio Andrés. “Creía que iba a morir”. Asegura que a pesar de haber tomado precauciones terminó contagiado sin saber las circunstancias de modo, tiempo y lugar. “Yo llevé el virus a casa y contaminé a mi familia”, se lamenta. Dice que la primera semana de abril experimentó el síntoma inicial –tos seca– e inmediatamente se aisló en un cuarto de su vivienda temiendo lo peor. Al día siguiente Rosemary, también barranquillera, lo acompañó a practicarse la prueba de COVID-19. Veinticuatro horas después recibió la dura noticia, positivo para el virus. Recuerda que su estado de salud empezó a deteriorarse muy rápido: fiebre de 40 grados, dolor intenso en todo el cuerpo e inapetencia. Padeciendo este cuadro seguía acuartelado en su vivienda, pero luego su estado se agravó con dificultades respiratorias, y tuvo que ser llevado en ambulancia hasta una clínica, donde permaneció cinco días. “Creí que iba a morir, incluso me despedí de mi familia. Lo que más me preocupaba era mi antecedente de cáncer, porque mi sistema inmune estaba mucho más débil frente al de mi esposa y mi hija, y el de Taylor. Ellas se recuperaron pronto, con síntomas menos severos que los míos”, narró a EL HERALDO. Mauricio repite que en la clínica, y luego cuando regresó a casa a aislarse de nuevo en su habitación, siempre tuvo presente la inminencia de la muerte. “La incertidumbre me estaba matando, al principio no cerraba los ojos porque me decía: ‘Si los cierro no los voy a volver a abrir’, era algo terrible, con decirle que le tuve más miedo a la COVID-19 que al cáncer”. Asegura que el dolor del coronavirus es tan intenso que no se sabe de dónde proviene. “Te duele desde el cabello hasta la planta de los pies, llegó un momento en que no podía ni abrir los ojos por causa del dolor”, relata. Tomar consciencia Por ese estado crítico en que permaneció no probó alimentos durante cinco días. “Este virus es tan fuerte que yo le aplico con ironía la famosa frase del Carnaval de Barranquilla: ‘Quien lo vive es quien lo goza’. Por eso me da mucha rabia cuando veo en EL HERALDO y en los noticieros de televisión las imágenes de mucha gente en la calle. Porque hasta que te afecte a ti, a un familiar o a un amigo es cuando entonces van a tomar consciencia”, añade. Hace un par de semanas Pérez Herrera retornó de manera gradual a la actividad laboral al frente de su empresa familiar especializada en construcción y gestión de proyectos comerciales. “Mantengo mi mascarilla, antibacterial, guantes, guardo la distancia, es que debo dar ejemplo a mis empleados y a mi familia”, comenta. Síntomas leves El barranquillero manifiesta que aún soporta algunos dolores y tiene problemas respiratorios, pero en menor intensidad. “El médico me dice que eso durará unos dos meses más. Estoy consumiendo mucha vitamina C, porque además no está comprobado científicamente que el virus no repita. Por eso nos cuidamos al máximo”. Los Pérez Epalza viven en Mississauga, la cuarta ciudad más grande de Canadá, a 20 minutos de Toronto, con tres millones de habitantes, la urbe más poblada del país del norte. Según Mauricio allí hay mucha consciencia ciudadana con relación al autocuidado frente a la pandemia. “Aquí no está prohibido salir a la calle, pero la gente no lo hace y guarda la distancia. De pronto te topas con dos o tres personas caminando o haciendo ejercicios, pero nadie sale, menos los niños y ancianos”, asegura.