7 marzo, 2021

Mi célebre carnaval. Desnudando el sueño.

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A poco de cumplirse un año de mi designación como reina, sumado a todo este revuelo por el inevitable aplazamiento de los carnavales, llegan a mi mente palabras y sentimientos que nunca expresé, y que me encantaría compartir. Por eso, antes de hablar de todo y nada, es necesario dejar claro que el querer ser reina del carnaval 2020 de mi querido Santo Tomás fue una decisión propia, sin manipulación de terceros.
Ahora después de algún tiempo, y aún con heridas sin cicatrizar, soy consciente de que, quizás, esta decisión fue cegada por ser aún incauta e inocente frente a los lobos que esperaban con ansias mi caída, para devorar mi esencia.
Si me preguntan: – ¿Dabas la vida por cumplir tu sueño?. La respuesta sin dudar era SI. Podía morir tranquila después de aquel ajetreo, porque no hay mayor plenitud en el ser humano que hacer lo que llena el alma, y aún más importante, el corazón. Porque no era solo un sueño, sino que era un proyecto que generaba en mí, la necesidad de cumplirse.
En este texto responderé rápidamente las preguntas que aún los inquietan sobre mis pesares. La respuesta es SÍ: fui humillada, maltratada, criticada, y hasta acusada; pero para quienes están fuera de la burbuja es difícil creer que un ambiente de supuesta alegría y diversión se puede convertir para algunas en el más hostil.
Desde niña visionaba que el ser reina del carnaval sería por fin alcanzar la plenitud que llenaría parte de mi proyecto de vida.
No me malinterpreten, fui feliz, muy feliz. Tuve la oportunidad de vivir momentos que desde niña presumí serían épicos, y estaba en lo correcto, lo fueron. Pero realmente esos recuerdos tan efímeros no compensan las lágrimas que derramé. Me enemisté con Dios, cuestioné mi destino por perder a personas que amaba, maldije tantas veces, que me es imposible contar, y hasta he llegado a odiarme una y mil veces por seguir lo que dictaba mi corazón. Y es que mis pensamientos se encontraban en una encrucijada.
Sufrí mucho por la muerte de mi pequeño primo que acababa de llegar a iluminarnos con sus existir, y la muerte de mi tío, que no solo apago su inmensa luz, sino que arrasó todo rastro de alegría en mi familia.
Este momento fue tan difícil, porque en mi fantasía este suceso no tenía sentido, estaba segura de que ellos serían parte de la alegría que significaba vivir este momento.
Hoy me encuentro en un camino que busca sanar heridas, y en el que quiero conservar lo mejor de esta experiencia, y por eso a quien mi cerebro procesa como la persona más detestable, envidiosa, deshonesta, cínica, santurrona, cruel, egoísta, perversa, farsante, inhumana, desequilibrada, risible, hipócrita, soberbia, y absolutamente podrida, le dedico este pensamiento:
¡Gracias por recordarme que debo ser cada día mejor persona! Imaginen un ser que vive sus días soñando con un imaginario de estirpe y alcurnia inexistente, con el que fácilmente engaña a los tontos que creen en sus patrañas, y con el que pretende destruir a quienes osen contradecir sus supuestas hazañas. Debe ser horrible estar en su pellejo y por eso solo me resta desearle larga vida para ver si el tiempo se encarga de sacar a la luz toda la oscuridad que su alma esconde.
A pesar de algunas cosas negativas, es imposible que parte de mí no se sienta orgullosa por el deber cumplido. Alguna vez se dijo que “no es la que quiera, sino la que pueda”.
Me alegró oír aquello, porque quise, y pude demostrar verdadero amor, verdadera pasión, verdadero talento y verdadera inteligencia para tomar las riendas de mi vida, para dejar claro que lo que realmente importa para obtener resultados en estos ámbitos es tener un carácter fuerte, pero por sobretodo un corazón enorme.
Nuevamente gracias porque definitivamente no puedo estar más extasiada.
Con estas líneas despido un capítulo hermoso y tormentoso de mi vida, en el que aprendí mucho, crecí mucho, y encontré personas que me aportaron mucho. Hoy soy una mujer grande, fuerte, con miles de defectos y con unas ganas incansables de construir un futuro en donde todos los que me rodean tengan su oportunidad de brillar.
Por: María Margarita Fernández De La Hoz