8 marzo, 2021

Bacterias y Conciencia

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Las bacterias son la forma más primitiva de la vida. Hicieron su debut hace más de cuatro mil millones de años de nuestra historia.
Ellas están constituidas por una célula que carece de núcleo, son tan simples en su estructura que carecen de cerebro, y por tanto de mente.
¡¡Pero a pesar de todas esas limitaciones su vida nos sorprende!!
En su dieta alimenticia, utilizan sustancias químicas que le permiten comer lo incomible, y para respirar igualmente procesan lo irrespirable.
Esos organismos unicelulares muy sencillos, utilizan desde el principio de los tiempos, moléculas químicas para sentir y responder, es decir para detectar determinadas condiciones de su entorno y siempre con el objetivo de preservar sus vidas.
Estos organismos primitivos crean dinámicas sociales, donde de acuerdo con las condiciones de su entorno, si requieren, se agrupan en colonias, para subsistir y realizar acciones de grupo para defender su territorio.
El éxito de un grupo de bacterias depende de la cooperación de sus miembros. Son exigentes del apoyo de cada uno de sus miembros, y no perdonan la falta de apoyo de alguna de ellas.
Sus vidas giran en torno a aprovechar los recursos energéticos y defenderse de terceros que amenazan sus vidas.
Vemos entonces incipientes formas de conductas en las bacterias, que se asemejan a la de posteriores organismos complejos como los nuestros.
Es decir, desde el principio de la vida, están insertados unos códigos de conductas que nos conducen.
Lo que el maestro Spinoza llamo el “conatus”. Que es la tendencia o fuerza natural, a un orden que se mantiene, y que contrarresta la tendencia a pasar al desorden.
En la medida en que se fueron formando estructuras más complejas, se fue formando el consciente individual y colectivo cultural de lo que somos hoy.
En el desarrollo de los seres vivos complejos, se fueron estructurando andamiajes del pensamiento cultural humano, que como observamos tiene su génesis en el comportamiento de las bacterias, sometido a un lento pero eficaz, proceso evolutivo de selección natural.
En algún momento de la evolución, los seres en ese proceso evolutivo dieron el salto a tener conciencia de sí mismos.
¡A identificarse a sí mismos!
Una vez se produjo este estado de conciencia, empezó un proceso exponencial de desarrollo que está vigente, y nos ha llevado a fronteras donde en la medida en que hay claridad de la importancia de las acciones de grupo transparentes, y de total apoyo de sus miembros, esas sociedades crecen y se desarrollan en forma positiva.
Cuando ocurre lo contrario, se suceden, como ocurre en colectivos como nuestro país, procesos de violencia interna y estancamiento.
La ley de la ventaja, que se aplica en sociedades cuasi primitivas como la nuestra, es una expresión evidente de la falta de desarrollo de nuestra conciencia, y por ende de las estructuras físicas que la conllevan.
Por tanto, se requiere aún procesos de selección naturales y de transmisión genética, que den a lugar a esos estados de conciencia, donde prime la acción de grupo equilibrada y de trabajo en conjunto, donde la “confianza” sea un ingrediente de gran valor para cada uno de los miembros.
Tomemos ejemplo de las bacterias o de las hormigas, han subsistido millones de años porque respetan esas básicas normas de conductas sociales y no perdonan al miembro que no las acate.
La tolerancia de la vagancia, de la ley del mínimo esfuerzo, del camino fácil, no da a lugar sino al estancamiento de nuestras sociedades.
Somos bacterias aún en proceso de evolución, así nuestro ego nos haga pensar lo contrario, así fantaseemos con ser independientes a todos los procesos evolutivos en la historia de la vida del planeta tierra, y porque no, del universo.
¡¡La realidad es dura!!
Cesar Lafaurie H
Febrero 20 de 2021